martes, 25 de enero de 2011

1 de diciembre de 2006

El día fue bastante normal. A las 11 fuera de la cama. Desayuno, ducha y al curro en bolas. ¡Que no hombre! Me vestí antes de salir. Muchas cosas no las diré, no me voy a convertir en buen narrador, paciente, omnisciente y detallista de la noche a la mañana; y en concreto eso de vestirse se sobre entiende, ¿no?
Bien, no hay respuesta. Sigamos.
Entraba al curro a la una… ¡Joder, vaya hostión!...
Perdón, me descentro.
Entraba al curro a la una, cosa buena que me evitaba tener que madrugar, porque odio madrugar. Cuando era (más) joven pensaba que la necesidad de ser más responsable me movería para encontrar en levantarse temprano la satisfacción suficiente como para hacerlo sin sentir que el mundo se me venía encima. Nada de eso, con el paso del tiempo madrugar se vuelve… ¡por dios, vaya forma de reventar cabezas!... oh, de nuevo, perdón. ¡Menudo salvaje!
Decía que con el tiempo madrugar se vuelve aún más pesado. Al menos en mi caso, porque cada día recordaba la cantidad de veces que me había visto forzado a ello y ¡dios, qué infierno! Por eso me costó encontrar la agencia en la que trabajaba, costó encontrar un lugar en el que no les importase que no llegase pronto a trabajar siempre y cuando pudiesen retenerme hasta altas horas de la noche. Concretando, alguna vez pude salir del curro a la una de la mañana. Doce horas en el lugar de trabajo, que no significa doce horas de curro; el proceso creativo pasa por largos momentos de mucha tocada de huevos, rascada de panza, etc. Lo que sea, pero no trabajo.
Cansado de brainstorming, sleep-writing y demás chufa hecha para ayudar (forzar) a salir a la creatividad (o, como solía decir mi mentor, “cebos para atraer a la puta inspiración”), aquel día no llegué con muchas ganas de someterme a todo ello, así que fui directo a Aldo:
—Campaña de condones—dijo Aldo.
—Bien. ¿Tienen algo en especial?—le pregunté, mejor conocer detalles antes de ponerme a crear.
—Pues lo típico. Más finos, más resistentes y con menos típico olor a condón.
Da gusto hablar con Aldo.
—Ok. Me piro.
Y me marché de allí. Creo que no pasé más de cinco minutos en el edificio. Durante mi salida, mi jefe de departamento gritó algo sobre echarme y tal. No sonó muy convencido, porque algunas veces yo había hecho algo parecido y al final regresaba con la idea que finalmente sería la escogida  por los anunciantes.
Noción a destacar de la mañana: Anuncio de condones.
Lo bueno de nuestra empresa es que nunca hay definido el medio en el que será presentado el anuncio. Tenemos flexión y eso es muy cómodo.
Llegué a casa y me puse a pensar en la campaña mientras veía anuncios grabados. No se me ocurrió nada útil.
Aquella noche hubo una espectacular lluvia de estrellas perfectamente visible desde mi balcón, pero no sirvió para inspirarme.

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